¿Qué es la Educación Viva

Desde hace unos años, estamos viviendo un cambio en el sistema educativo. El modelo de escuela tradicional está dando paso a una escuela más activa, en que los niños aprenden por proyectos, utilizan materiales más diversos que no sólo el libro de texto, y disponen de más posibilidad de elegir actividades.

 

Una de las corrientes de este movimiento de innovación educativa es la escuela viva. L’educación viva no es un método, en el sentido de una serie de acciones pautadas, sino una actitud, una manera de relacionar-se, que se basa en tres grandes referentes teóricos: la autopoièsi, la teoría de sistemas, y el paradigma de la complejidad.

 

    • El concepto de autopoiesis fue creado por los biólogos Humberto Maturana y Francesco Varela y se refiere a que cualquier organismo sano tiene la capacidad innata de construirse, mantenerse y tomar decisiones desde su sabiduría o estructura internas. A nivel pedagógico, este principio significa que los niños tienen la necesidad y la capacidad de tomar decisiones, autorregularse y aprender por sí mismos. Si no se dan oportunidades de autonomía, el niño ya no es capaz de estar en contacto con lo que su organismo necesita, y acumula tensiones que dañan su salud y su bienestar.

 

    • La teoría de sistemas establece que la realidad se estructura en sistemas. Un sistema de (como por ejemplo el sistema digestivo del cuerpo humano) se define como un conjunto de elementos (el esófago, estómago, el hígado, etcétera) que interactúan entre sí y que, como conjunto, se relacionan también con otros sistemas (el aparato circulatorio, el aparato excretor, el aparato respiratorio, etcétera). Todos los sistemas están conectados y se afectan mutuamente. Cuando nos dejamos orientar a nivel escolar por la teoría de sistemas, vemos como resulta fundamental incluir y crear canales de relación entre todos los sistemas de una escuela: familia, educadores, bebés, contenidos curriculares entre sí, el contexto social natural i adecuada, todo lo que ocurre en la realidad, la organización de los horarios, las competencias, todos los profesionales que participan de los grupos, etc..

 

    • finalmente, el paradigma de la complejidad es un concepto utilizado por Edgar Morín que hace referencia a que en cualquier situación (por ejemplo, el cuidado de un niño) interactúan múltiples variables que afectan de manera compleja en muchas relaciones paral·paralelas de causa y efecto (los padres, los hermanos, los compañeros, el espacio físico, la cultura, la personalidad del niño, etcétera). A nivel escolar, la idea de la complejidad nos aleja de creer que un método puede ser el adecuado para todos y en cualquier situación. En sepa, por ejemplo, como hemos de acompañar el llanto de un niño, o qué enfoque de lectoescritura es mas adecuado en un momento dado, a menos que estemos en contacto con esta realidad concreta y captamos su complejidad. La reflexión y el diálogo constantes entre los profesionales son elementos centrales, pues, de esta propuesta educativa.

Estas tres grandes ideas, y sus extensiones, se traducen en principios, prácticas y decisiones pedagógicas que afectan a la totalidad de un centro educativo. Me gustaría nombrar algunas de las ideas que a nivel psicopedagógico inspiran el funcionamiento de una escuela viva:

 

1. Los espacios educativos deben favorecer que los niños se sientan bien: relajados, acogidos, vinculados, alegres y aceptados.
Los niños son la alegría de la vida. La escuela, con tanto estrés y tensión para acumular información, a veces no ayuda a que los niños mantengan la conexión con esta alegría profunda.
la seguridad, la vinculación, y el disfrute son temas centrales para la vida de un niño, que los educadores deben cuidar especialmente. Cuando observo una criatura pequeña en la escuela, veo que lo que más le preocupa y motiva de su vivencia en el espacio educativo son las amistades: si tendrá o no un grupo de
compañeros con quien estar, si será aceptado, qué pensarán de ella o ella?; y en segundo término, qué hará, lo pasará bien, podrá jugar?
Nuestra sociedad ha creado una diferenciación falsa entre jugar y aprender (trabajar), porque tiene una idea errónea sobre cómo aprenden los niños. En una Sociedad donde los niños pasan en promedio más de 8 horas a la escuela cada día, es fundamental que los niños se sientan seguros, vinculados, aceptados y alegres en la escuela.
Cuando miro la carga, la tensión y el estrés de algunos niños de 10 años en la escuela, pienso que nuestra sociedad está enferma si no es sensible a esto. tienen 10 años, y sus vidas parecen las de los adultos en el mundo laboral.

 

2. Los ambientes educativos deben ayudar a los niños a aprender a vivir.
Aprender a vivir tiene mucho que ver con aprender a gestionar las emociones, a sentir el cuerpo, focalizar la atención, a relacionarse con los demás, a conocerse a uno mismo, etc.. Y estas son facultades humanas imprescindibles para el bienestar, que si no es practiquen, no se desarrollan mucho.
En el día a día los niños viven muchas situaciones emocionalmente intensas: a veces se encuentran bien con los amigos y otras veces viven separaciones, forman parte de un grupo y en otros momentos son rechazados, consiguen un reto y fracasan, quieren seguir un impulso propio, pero también pertenecer al grupo, sienten alegría y a veces también miedo, vergüenza, la culpa, etc..
A partir de estas vivencias diarias, los niños construyen su autoestima y su personalidad, que son la base de cómo nos sentimos, pensamos y actuamos. La mayoría de niños no tienen todavía suficientes recursos para afrontar vivencias estresantes sin que ello afecte su autoestima. Es pues imprescindible que los cuidadores en torno a ellos les acompañen en este camino de aprender a vivir en el día a día.
Y es fundamentales que los educadores tengan claras las ideas y actitudes básicas sobre qué consiste este acompañamiento.

 

3. El entorno educativo debe favorecer un clima de silencio, calma y percepción, que invite a las personas a estar presentes y ser perceptivas
La mayor parte de las cosas que aprendemos (creencias, actitudes, valores, hábitos, etcétera) las asimilamos de forma inconsciente por el hecho de participar en un contexto social. Y no sólo aprendemos creencias sino que también aprendemos a ESTAR de una manera determinada que se va consolidando.
La escuela quiere transmitir tantas informaciones, quiere que los niños desarrollen tantas competencias, que deja en un lugar residual lo más fundamental. De lo que se trata no es de enseñar ni de generar procesos de aprendizaje activos, sino de cuidar el ambiente para que los niños estén perceptivos del entorno y de su mundo interior. en educación, lo fundamental no es tanto el que aprendemos ni el cómo, sino el clima que se respira y la calidad de las relaciones que se establecen.
por ejemplo, es fundamental que en la escuela haya un ambiente de orden y de calma, que la vivencia del tiempo sea relajada, que los límites sean muy claros y el cima sea acogedor, que los conflictos sean acogidos con calma, tiempo y como una oportunidad para descubrirnos y no sólo para resolverlos, que haya rituales para que los niños perciban que en diferentes momentos se exige diferentes maneras de estar, que los educadores tengan cuidado de la calidad energética y sensorial del entorno, que los adultos
limiten la entrada de ciertos estímulos que generan dependencia y llenan la cabeza de ruido, que los cuidadores faciliten rituales y momentos para ayudar a los niños a cultivar la atención plena, la presencia y la auto observación, que haya muchos momentos de vinculación y diálogo con los niños, etc..
Lo mismo ocurre en casa. Cuando nos sentamos a comer, hay calma, los adultos establecen como hábito que los niños col·labor en la preparación y recogida, el diálogo en la mesa es espontáneo pero respetuoso, no hay móviles, ni tabletas, ni televisión, en definitiva, los padres no enseñan, sino que orientan la atención de los niños en una dirección y generan un ambiente que les ayuda a estar perceptivos en todo momento.

 

4. Los entornos educativos deben favorecer que los niños entren en contacto con sus necesidades y puedan expresarlas de manera autónoma
No se trata de que los niños sean emprendedores y proactivos como hábito, sino de que entren en contacto con sus necesidades y sean capaces de llevar a cabo acciones para satisfacerlas.
Cuando observo el funcionamiento de algas escuelas activas actualmente, tengo la sensación de que por autonomía entienden que los niños hagan, aprendan y sean productivos, más que la idea de favorecer que perciban con que vibran, que necesitan, que los motiva, y desarrollen los recursos para hacer las acciones para sí mismos. por ejemplo, observo como en algunas escuelas, la llamada actividad autónoma a los ambientes acaba reducida a elegir alguna propuesta de un plan de trabajo o de unas mesas con materiales preparados, más que dejar un espacio vacío y observar y acompañar el que va emergiendo, y a partir de ahí, decidir si es necesario o no estructurar más.

por tanto, las estructuras pedagógicas de un espacio de educación viva deben dar suficiente espacio diario a la actividad autónoma de los niños a los ambientes. Del mismo modo, la manera de relacionarse de los educadores con los niños deben posibilitar que los niños desarrollen esta autonomía y autorregulación.
igualmente, la vivencia en un espacio educativo debe implicar una creciente corresponsabilidad en la gestión col·lectiva del espacio, una vivencia de democracia participativa, en que en ausencia de mayores consensos, la mayoría no imponga su voluntad, sino que incluya también las necesidades de la minoría. Una democracia en la que el conflicto social, y también el conflicto con uno mismo, es mirado como una oportunidad para crecer, el objetivo no es tanto resolver el conflicto sino una invitación a reconocer las subjetividades y buscar un nivel de la realidad en la que todas las partes son miradas. yo, evidentemente, construir también mecanismos eficientes de toma de decisiones.

 

5. Los espacios educativos deben favorecer que los niños entren en contacto con una variedad de experiencias y lenguajes expresivos, para que cada niño pueda descubrirse y desarrollar aquellos ámbitos en los que vibra especialmente.
Cada persona tiene una conexión especial con un área de experiencia - corporal, energética, relacional, lingüística, simbólica, artística, musical, matemática, visual, emocional, manual, etc.-, un área que le permite estar presente, expresar con facilidad y profundidad su interioridad, y fortalecer su autoestima. El marco exterior, la comunidad y sobre todo las familias son un recurso inmenso para planificar salidas, talleres, proyectos, creación de ambientes y vivencias.
La gestión del tiempo y de los espacios escolares debe facilitar que cada niño pueda dedicarse especialmente a aquello en lo que vibra especialmente.

 

6. Los entornos escolares deben velar para que todos los niños desarrollen ciertas herramientas culturales socialmente útiles, en un clima de respeto a los procesos personales, y en un ambiente relajado que facilite las vinculaciones.
Cada momento histórico y cada contexto social concreto utiliza ciertos lenguajes simbólicos que los miembros de esta comunidad deben dominar para participar. La escuela, como entidad que también tiene como objetivo favorecer la adaptación y la integración de los niños en el contexto en el que habitan, velará para que estas herramientas culturales sean utilizadas y desarrolladas en el entorno educativo.
ara, la presentación y el uso de estas herramientas culturales, especialmente en relación al entorno escrito, i digitales audiovisuales, debe tener en cuenta el impacto que ciertos estímulos y ciertas tecnologías tienen en el sistema nervioso de los niños. por tanto, es necesario que los entornos educativos reflexionen sobre cuáles son las necesidades vitales de cada etapa del desarrollo a fin de no dañar ciertos procesos sensoriomotrices, simbólicos y cognitivos básicos a cada edad.

 

7. Los espacios educativos deben formar parte activa del contexto natural y cultural del entorno.
La realidad que viven los niños más allá de la escuela impregna su personalidad, los acompaña en todo momento. No son fenómenos desconectados. El entorno natural y el contexto social, lo que pasa fuera de la escuela, está totalmente relacionado con lo que vivimos en nuestro interior. Si hay sensibilidad, percibimos como la realidad nos afecta y cómo nosotros también afectamos la realidad. La escuela es un entorno ideal para acoger estas realidades, analizarlas, reconceptualizar-las y, y el caballo, intervenir para transformarlas, como parte integrante de ellas.
El ser humano necesita también estar en contacto con la naturaleza, con los árboles, la tierra, el agua. La desconexión que los adultos urbanos tenemos en relación con nuestro cuerpo tiene mucho que ver con el alejamiento de la percepción de los ciclos de la vida.

 

8. Los ambientes educativos deben mantener una comunicación regular con las familias para cuidar íntegramente los niños.
La familia es la máxima influencia y la máxima responsable de la educación de los niños. Si entendemos la educación en un sentido amplio, y no sólo instructivo, la comunicación con las familias es un elemento básico de todo espacio de educación viva.

Para que esta comunicación sea constructiva, hay que generar vínculos, hay que estructurar canales de comunicación y hay que establecer los órdenes de este intercambio, que reconozcan el lugar de cada parte y los límites necesarios para garantizar una relación sana.

Desde este planteamiento sistémico, el espacio educativo es un entorno ideal para plantear vivencias de reflexión para las familias en torno a la educación y el aprendizaje de los niños, y para generar una comunidad que educa, aprende y se enriquece conjuntamente.

 

9. Los ambientes educativos deben facilitar procesos dialógicos y de reflexión sobre lo que vivimos, por el de la·alumbrar la cosmovisión subyacente en las actitudes y comportamientos, y poder construir una propia.
Actualmente la Sociedad y la mayoría de escuelas continúan basándose en planteamientos conceptuales que la ciencia ha superado: el conductisme, la fragmentación cartesiana de mente y cuerpo, el objetivismo de la programación y el control, etc..
Estos referentes conceptuales forman parte de la cosmovisión de la mayor parte de las personas, incluidos los educadores de las escuelas, y se expresan en cada acción, pensamiento, emoción y relación que establecemos con los niños. De este modo, constituyen experiencias de aprendizaje por asimilación implícita para los niños - un inmenso currículum oculto -, sin que ni siquiera nos damos cuenta.
por ejemplo, en la escuela aprendemos que aprender consiste sobre todo en una acción voluntaria y con esfuerzo en que cogemos información objetiva fuera, y la incorporamos dentro nuestro. Pocas veces tenemos experiencias en que nuestra atención va hacia dentro nuestro, para aprender a través de la auto observación y la auto indagación.
Cuando un docente selecciona contenidos sobre el cuerpo humano, para articular una clase magistral o un trabajo por proyectos, menudo sólo tiene en cuenta información objetiva externa: los tejidos del cuerpo, los órganos, los aparatos, la alimentación saludable, etc.. Pero qué pasa con la información subjetiva interna? Pocas veces se lleva la atención de los niños hacia percibir su cuerpo, sentir sus emociones, hablar sobre qué piensan de lo que es ser niño o niña, o analizar como diferentes culturas tienen diferentes miradas sobre la salud y la enfermedad.
Esta atención exclusiva hacia fuera, esta reducción de la idea de aprendizaje, tiene consecuencias muy grandes. Cuando los niños han asimilado implícitamente la idea reduccionista que el aprendizaje no se da en todo momento sino en situaciones académicas, entonces es frecuente que los educadores estén estresados ​​para programar y controlar todo lo que se supone que una persona debe aprender, que los niños ya no estén disponibles para aprender a partir de las situaciones que la vida les aporta en cada momento, que se sientan dependientes y ansiosos por llenarse de conocimientos y de títulos de fuera, que desarrollen una actitud arrogante e inflexible con aquellos que no han aprendido a su manera, yo, en definitiva, que hayan interiorizado aquella célebre frase de Ivan Illich, que afirmaba que 'lo primero que te enseña una escuela es que necesitas una escuela para aprender'.
La escuela debe favorecer que los adolescentes reflexionen sobre conceptos claves como este que estructuran nuestras personalidades. en concreto, hay cuatro aspectos fundamentales de las cosmovisiones que se encuentran en la base de cualquier situación social y natural: la naturaleza de la realidad, la naturaleza de la vida y de los ecosistemas vivos, la naturaleza de la conciencia y del ser humano, y la naturaleza de los procesos sociales. Estas reflexiones dialógicas deben estar acompañadas de información actual sobre estos temas.
En estos momentos del siglo XXI, la sabiduría oriental mil·yóguica coincide con los descubrimientos de la comunidad científica, la cosmovisión que emerge es la misma, descrita con diferentes lenguajes, y nos obliga a reconstruir conceptos como vida, muerte, felicidad, conciencia, amor, salud, enfermedad, aprendizaje, conflicto, consumidor, sufrimiento, libertad, respecto, ego, identidad, inconsciente, emoción, sentimiento, etc.. La escuela viva no puede obviar ni ser reproductora de conceptos superados que están en la base del sufrimiento humano.

 

10. Los espacios educativos deben favorecer contextos en que los educadores apliquen a sí mismos los 9 principios mencionados anteriormente.
Si los educadores no están en este camino, difícilmente podrán acompañar a los niños en su proceso.
En consecuencia los espacios educativos deben ser lugares donde los educadores:

• Se sientan bien (relajados, acogidos, vinculados) en la escuela y creen las condiciones para tener cuidado también del resto de compañeros.

• Estén en un proceso continuo de aprender a vivir y de estar perceptivos a su subjetividad, creando así las condiciones personales para que emerjan comprensiones íntimas y no sólo competencias.

• Se reconstruyan a sí mismos desde dentro, pongan en acción su iniciativa y autonomía, y se impliquen en la gestión col·lectiva del centro desde planteamientos de democracia inclusiva.

• Se confirmen a sí mismos que vibran con el acompañamiento de los niños y con el ámbito de experiencia que gestionan.

• Estén inmersos en procesos formativos de desarrollo de sus capacidades y competencias.

• Estén sensibles, sean conocedores y estén comprometidos con el entorno natural y social que viven.

• Estén en paz con sus propias familias y disfruten de la comunicación y el crecimiento con las familias de los niños.

• Tengan la voluntad de reflexionar personalmente y col·lectiva sobre las propias prácticas y sobre las cosmovisiones subyacentes a sus actitudes y comportamientos.

 

L’educación viva es pues una propuesta que va más allá de la pedagogía activa. La vida orgánica se define por conceptos como autopoiesis, homeostasis, tendencia al bienestar, interconexión sistémica y complejidad. El sentido de la vida es vivirla, con una tendencia al bienestar, que hace emerger comprensiones y nos acerca a una mayor sensación de conexión - amor - presencia. L’educación viva es la acción de los cuidadores que ayudan a generar los contextos para que los niños puedan participar de este camino.

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