El acompañamiento emocional post confinamiento

 

Algunas escuelas han pedido al Caiev si podemos orientarlas sobre cómo hacer un acompañamiento emocional a los niños en el momento en que se vuelva a la escuela. Esta solicitud nos ha motivado a compartir algunas ideas que nos parecen importantes. Si queréis profundizar en el tema, podéis consultar algunos de los videos del Congreso on-line gratuito de educación viva que haremos a finales de mayo.

Para empezar, queremos establecer una diferencia entre la educación emocional y el acompañamiento de la afectividad. La educación emocional sería el conjunto de acciones planificadas – el currículum- que los educadores llevan a cabo de manera regular en la escuela para favorecer el desarrollo de la llamada competencia socio-emocional. En cambio, el acompañamiento de la afectividad es todo aquello que cada educador hace en cada momento para cuidar cómo se siente cada niño y niña, es decir, no es un currículum, sino un acompañamiento. En este artículo nos centraremos en este segundo aspecto.

El acompañamiento de la afectividad tiene tres grandes momentos: el ahora – es decir, el momento en que el niño está viviendo la experiencia afectiva -, el después, cuando ya se encuentra en un momento de mayor estabilidad emocional, y el cotidianamente, que implica el conjunto de criterios y de acciones que los educadores han acordado que llevarán a cabo con cada niño y niña concretos para ayudarlos a crecer.

Esta es una diferenciación importante, porque a menudo una de los errores más típicos de los adultos que acompañamos niños es querer hacer muchas cosas con los niños en el ahora -que aprendan, que comprendan, que se expresen, que se regulen, que cambien…-, cuando ni el educador ni el niño acostumbran a estar suficientemente disponibles para el aprendizaje consciente en este momento de tensión emocional.

A diferencia de la educación emocional, el acompañamiento de la afectividad no pretende provocar ningún aprendizaje, sino acoger y sostener lo que se da en el presente: el llanto, la rabia, la angustia, la tristeza, el desconcierto, etc. El ejemplo más claro que podemos dar para ilustrar este ESTAR junto al otro, sin pretender hacer nada mes, es el acompañamiento en la muerte, porque ante la muerte, no podemos hacer nada más que inclinarnos y estar con el otro, estar con el que es.

Ahora bien, no se trata de fusionarse con el otro, no es un estar perdido en la emoción del otro, es un estar con conciencia, es un estar desde la solidez del adulto.  A veces, en los cursos de educación viva, uso el acrónimo O.C.A, para ilustrar las tres actitudes básicas en el acompañamiento afectivo en el ahora: Observar, Cuidar y Acompañar.

La herramienta más importante que el adulto tiene en este proceso es su propia presencia y el vínculo que haya podido edificar con el niño. Es en base a estos dos aspectos, que el niño puede sentirse más o menos acogido por parte del adulto, y aceptar el apoyo para transitar este momento de dolor.

No es fácil construir vínculos estrechos con los niños en entornos masificados y pensados para la instrucción, pero podemos aprovechar estos momentos que estamos viviendo precisamente para fortalecer los vínculos, porque los momentos de crisis en grupo pueden generar experiencias vinculantes profundas.

Dicho esto, conscientes de que son tan solo pinceladas sobre este complejo mundo del acompañamiento emocional, queremos compartir algunas acciones y criterios que os pueden ayudar a planificar el momento del reencuentro en la escuela.

Hemos dividido estas propuestas en tres bloques: educadores, familias y niños. Y hemos querido presentarlas en un cierto orden cronológico, pero es evidente que todo está ligado y confluye en el tiempo.

El acompañamiento afectivo de los educadores y el reconocimiento de cómo estamos

En estos momentos de reencuentro, puede ser de gran ayuda generar previamente un espacio para poder compartir cómo hemos vivido la experiencia los adultos y cómo estamos ahora mismo.

Es posible que haya educadores que estén viviendo emociones intensas: miedo, tristeza, rabia, confusión, angustia, etc., y también es posible que, durante este periodo de reuniones telemáticas, haya habido conflictos o discrepancias que no se hayan podido cerrar.

Por otro lado, las normativas de higiene, protección y distanciación entre los niños que estos días tanto la OMS como las administraciones educativas están proponiendo para las escuelas, pueden desencadenar una tensión latente tanto en los niños como en las familias y los acompañantes.

Estas situaciones pueden provocar que algunos educadores se encuentren híper sensibles en cualquier olvido o transgresión de normas que los niños o los mismos adultos puedan hacer, y todo esto puede desencadenar un acompañamiento afectivo muy poco adecuado.

Es importante que las personas que cuidan estén suficientemente bien, para poder cuidar. Cada educador tiene la responsabilidad de sentir si está en condiciones de poder cuidar de los niños con un mínimo de solidez. Y cada equipo directivo tiene también la responsabilidad de valorar si cada educador es consciente de esto.

Por otro lado, la discrepancia de criterios y maneras de experimentar lo que estamos viviendo puede favorecer las confrontaciones, los juicios y la separación entre los docentes. Ahora más que nunca necesitamos ser muy conscientes de la diversidad de maneras como las personas estamos viviendo esta situación.

Es el reconocimiento de que estamos juntos viviendo esta situación tan difícil, cada uno a su manera, lo que nos puede ayudar a tener una mirada amorosa hacia aquello que no comprendamos o compartimos del otro.

Cuidarnos para cuidar. Crear espacios para poder escucharnos, reconocernos, acompañarnos en nuestra afectividad. Si conseguimos reconocernos donde estamos, conscientes de que somos seres dinámicos en constante crecimiento, podemos hacer de la necesitado virtud, y aprovechar la situación para fortalecernos como equipo.

 

La comunicación con las familias y el reconocimiento de la diversidad

A lo largo del periodo de confinamiento, las maestras han ido teniendo contacto con los niños, pero es posible que no tanto con las familias. Por lo tanto, puede ser de gran ayuda pedir a las familias que nos expliquen cómo ha ido este proceso, cómo lo ha vivido el niño, y como está ahora, para detectar si algún niño o niña ha vivido una situación angustiosa importante que debemos conocer.

Por otro lado, al igual que con el equipo docente, podemos esperar una gran diversidad por parte de las familias en la manera de vivir esta situación, de acompañar a los niños, y de juzgar la actitud de los demás.

De nuevo, podemos anticipar estos retos y transformarlos en oportunidades para construir nuevos puentes de diálogo, inclusión y participación de las familias.

 

El acompañamiento afectivo a los niños

Vamos a compartir algunos criterios y algunas propuestas para el acompañamiento de los niños. Recordad que no se trata de hacer. Solamente aportamos posibilidades, que hará falta que cada equipo valore si aportan algo que sea más adecuado que estar simplemente con los niños.

  1. La importancia del juego y del proceso de adaptación

En este primer instante de reencuentro, nos parece importante destacar tres ideas:

  • Después de este confinamiento a casa, es probable que algunos niños pequeños necesiten la presencia de nuevo de la familia en la escuela para sentirse seguros en el espacio.
  • A diferencia de los adultos, que utilizamos principalmente la palabra, los niños buscan sobre todo vincularse y comunicarse a través del juego. El juego es mucho más que una actividad lúdica. A menudo, a través del juego, los niños expresan e integran vivencias que han tenido, como se puede observar de manera tan evidente a través del juego simbólico.
  • Para facilitar estos momentos de reencuentro, los educadores podemos crear contextos y espacios que faciliten la relación entre los niños, en un ambiente relajado. Estos contextos pueden estar articulados en base a alguna propuesta, pero el objetivo no tiene que ser aprender o producir nada, sino crear las condiciones que permitan la emergencia de diálogos íntimos entre los niños.

 

  1. Los momentos para la expresión, a través de múltiples canales

Ante las situaciones intensas, el organismo humano busca de una manera u otra expresarse, en el sentido etimológico de sacar fuera (ex-) una presión. Por eso, nos parece importante que, en estos momentos de reencuentro, los educadores planifiquemos momentos para acoger las necesidades de expresión.
Para favorecer estas posibilidades, los acompañantes:

  • Podemos crear espacios para dialogar, explicarnos vivencias, anécdotas, deseos, frustraciones, etc. La angustia, cuando es compartida, es un mecanismo de naturalización y de aceptación que nos libera del peso.
  • Podemos crear entornos para el juego simbólico con los pequeños, y para el teatro estructurado e improvisado con los grandes. La expresión dramática libre es una herramienta de simbolización de angustias y vivencias muy potente.
  • Podemos generar ambientes, preparar materiales y propuestas para la expresión artística creativa, sin consignas, o con estímulos o propuestas que sugieran pero que no dirijan hacia producir nada en concreto: olores, imágenes del dixit, músicas, etc.
  • Podemos leer oralmente cuentos y novelas, que a pesar de que no tengan ninguna relación aparentemente con situaciones que se hayan podido vivir, nos hablen de conflictos, aventuras y superaciones de dificultades.
  • Podemos generar momentos para la expresión y el goce con el cuerpo, porque toda vivencia de placer y de relaciones vinculantes es una experiencia sanadora y aporta afectividad positiva a la autoestima. 

 

  1. Las tutorías individuales y la creación de un Relato fortalecedor

Si somos conocedores de que algún niño ha vivido alguna situación intensa y percibimos que puede sentirse bien en un diálogo con el educador, podemos buscar un momento para la tutoría individual. Algunos criterios a tener presentes sobre las tutorías individuales son:

  • No tenemos que forzar la expresión, la creación de este espacio de relación de calidad con el niño ya es todo un logro, toda una experiencia afectiva positiva.
  • Si en la escuela hemos articulado una cultura en que regularmente el tutor o la tutora habla con cada niño a lo largo del trimestre, los niños más introvertidos van naturalizando estas situaciones y las viven con seguridad y calidez. Si no lo hemos hecho, e­s un buen momento para comenzar esta dinámica.
  • A veces la tutoría puede consistir simplemente en hacer algo conjuntamente, como por ejemplo ir a buscar algún material, pedir que nos ayuden a recortar, mirar un cuento, etc.
  • El grado de apertura íntima de un niño al acompañamiento de un adulto dependerá del vínculo que tengan, de si se siente seguro, de si es más o menos extravertido, y sobre todo de si percibe en el adulto una mirada sin juicio ni pretensión de cambiar nada.

Si, a partir de aquí, percibimos que el niño está suficientemente cómodo en la situación, y que se dan las condiciones para que nosotros podamos acompañar este momento, podemos favorecer la construcción de un relato fortalecedor.

En esencia, un relato fortalecedor implica:

  • Generar un espacio para invitar el niño a relacionarse con lo que ha vivido.
  • Ayudar al niño a poner palabras que simbolicen aquello que ha vivido.
  • Reconocer estas palabras, naturalizar la experiencia y validar al niño
  • Compartir alguna mirada diferente, un relato más amplio, completo, o inclusivo, de aquel que haya podido elaborar el niño, una invitación a resignificar la experiencia de una manera más constructiva.
  • Relatar algo que nosotros hacemos cuando experimentamos alguna situación angustiosa semejante, estrategias de regulación emocional, pero sin peso ni expectativa, tan solo como una posibilidad.
  • Mostrar confianza en que la situación puede cambiar o que el niño puede llegar a vivirla de manera diferente.

 

  1. La intervención de profesionales de la psicoterapia

Ni los maestros tenemos formación en psicología, ni la escuela es un entorno terapéutico, de forma que, si observamos que alguna criatura manifiesta síntomas importantes de depresión, agresividad, angustia, actividad muy poco focalizada, etc., hará falta la intervención de otros profesionales.

Como los servicios públicos a menudo están desbordados, a veces va bien que la escuela tenga la información de algunos profesionales, afines al proyecto educativo de la escuela, para facilitar sus contactos a las familias que lo necesiten.

En las escuelas podemos favorecer experiencias para que los niños se sientan acogidos, amados, valorados; podemos generar contextos para facilitar la expresión de los niños y niñas; y sobre todo podemos aportar nuestra presencia, nuestro acompañamiento. Pero no son espacios para hacer terapia, la psicoterapia implica un encuadre, unos profesionales, y unos permisos concretos.

 

  1. El ritual de cierre del periodo de confinamiento y el establecimiento de una nueva normalidad

La pandémica del Covid-19 parece que va para largo, de forma que no podemos decir que esto haya acabado, pero cuando empiece el retorno a la escuela de manera regular, sí que habrá acabado el periodo de confinamiento, al menos de momento.

Puede ser interesante crear algún ritual de cierre, una celebración del periodo de confinamiento, que nos permita mirar el presente y el futuro con mayor amplitud.  Algunas ideas para realizar este ritual de cierre pueden ser:

  • Crear un programa de radio o un audiovisual sobre cómo ha sido la experiencia del confinamiento.
  • Hacer expresiones artísticas colectivas, narrativas, musicales, etc., ahora sí, con una finalidad y un día de cierre.
  • Preparar una representación teatral, quizás incluso con humor, para reírnos de nosotros mismos.

A lo largo del proceso de creación, pueden emerger de nuevo oportunidades para observar, compartir y resignificar lo que hayamos vivido.

Todo esto proceso de cierre puede convivir con la creación de una normalidad, para que el tema de la pandemia no sea todo lo que tenemos en nuestras vidas. Una vez acogido colectivamente lo que hemos vivido, tenemos que lograr una normalidad en el día a día, según sea el proyecto educativo de la escuela.

  1. La crisis como oportunidad para construir un nuevo presente y un futuro con más posibilidades

La crisis que estamos viviendo está haciendo aflorar los sistemas de creencias y valores que forman parte del imaginario colectivo: el concepto de muerte y de vida, de salud y enfermedad, de naturaleza y nosotros, o nosotros – naturaleza…

Hace poco me llegó un cuento ilustrado para niños sobre el tema del coronavirus. En el cuento se presentaba al virus como un personaje feo y malvado que se tenía que eliminar. Me entristeció la idea de cómo estas imágenes y este relatos pueden influenciar a los niños.

La crisis del Covid-19 ha llegado para quedarse, al menos una temporada. Formará parte de la vida de adultos cuando de una manera u otra se retome la escuela. Podemos aprovechar esto que nos trae la vida para:

  • Crear espacios de diálogo con los niños para ayudarlos a descubrir los conceptos, las creencias y los valores que están en la base de cómo nos relacionamos y experimentamos la realidad.
  • Descubrir la relatividad de este sistema de valores, a través de analizar cómo otras culturas o cómo en otros momentos históricos se ha vivido la enfermedad, la vida, la muerte, la relación con la naturaleza, etc.
  • Promocionar el aprendizaje por auto observación, a través del cual podemos ayudar a los niños a descubrir sus valores, creencias y necesidades auténticas.
  • Poner en marcha proyectos de aprendizaje – servicio y de establecimiento de conductas más respetuosas con la naturaleza y la vida.
  • Aprovechar la crisis para fortalecer los vínculos entre los/las educadores/as, con los niños/as y con las familias, a través de crear múltiples canales de seguimiento, reflexión, y comunicación.
  • Crear espacios de diálogo entre los educadores para consensuar un criterio propio sobre cómo atender las exigencias que recibirá la escuela y a la vez cuidar las necesidades vitales de los niños y niñas de: juego, relaciones, contacto, movimiento espontáneo, afectividad, etc.

 

Tenemos la sensación de que la crisis del Covid-19 no será suficiente para generar un cambio suficientemente significativo en nuestros sistemas de creencias, pero ingenuamente queremos pensar que situaciones como esta pandemia, o el cambio climático, son una semilla para la aparición de una reacción a gran escala que lleve a la especie humana a otro nivel de conciencia. Muchas escuelas y muchos educadores y educadoras ya están poniendo su grano de arena en esta dirección, con su manera de acompañar la afectividad de los niños y niñas.

Jordi Mateu Zorita, director del Caiev

 

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